
¿Todos contentos? NO.
El cine cómico mudo de principios de siglo, a veces y sólo a veces, necesitaba de cierta aceleración en la manivela del proyector para dar cierta gracia a algunos movimientos, pero era poco común. Quiero decir, las películas se rodaban a 16 fotogramas por segundo y se proyectaban a 16 fotogramas por segundo. Exactamente los mismos parámetros. Por eso, los movimientos de los actores eran reales.
La aceleración con la que nosotros conocemos el cine mudo cómico (esos movimientos de caderas y del bigote de Charlot, esas caídas y esas persecuciones en coche…) es falsa. Es una cadencia creada con posterioridad al cine de esos años.
Y es que la maquinaria de antes no es como la de ahora. Cuando los proyectores pasaron a leer a una velocidad de 24 fotogramas, perdieron la capacidad de leer a 16 fotogramas. Todo el cine que se había grabado a una velocidad inferior, de repente sólo se podía ver mucho más rápido (en concreto, 1/3 más rápido). Y cuando se tuvo la oportunidad de recuperar la velocidad real del cine mudo, ya era demasiado tarde: el público ya estaba mal acostumbrado.
Por este motivo, es más fácil comprender la famosa historia del concurso de Charlots en el que Charlie Chaplin, que se presentó sin decir quien era, quedó segundo.
El gran error está en las películas que se hacen sobre el Hollywood de esa época, sin ir más lejos, “Chaplin”, en la que el magnífico Robert Downey Jr. ejecuta las piruetas del cómico inglés con la cadencia con la que el espectador actual vería una película de Charlot, y no con el movimiento real que le corresponde.
La aceleración con la que nosotros conocemos el cine mudo cómico (esos movimientos de caderas y del bigote de Charlot, esas caídas y esas persecuciones en coche…) es falsa. Es una cadencia creada con posterioridad al cine de esos años.
Y es que la maquinaria de antes no es como la de ahora. Cuando los proyectores pasaron a leer a una velocidad de 24 fotogramas, perdieron la capacidad de leer a 16 fotogramas. Todo el cine que se había grabado a una velocidad inferior, de repente sólo se podía ver mucho más rápido (en concreto, 1/3 más rápido). Y cuando se tuvo la oportunidad de recuperar la velocidad real del cine mudo, ya era demasiado tarde: el público ya estaba mal acostumbrado.
Por este motivo, es más fácil comprender la famosa historia del concurso de Charlots en el que Charlie Chaplin, que se presentó sin decir quien era, quedó segundo.
El gran error está en las películas que se hacen sobre el Hollywood de esa época, sin ir más lejos, “Chaplin”, en la que el magnífico Robert Downey Jr. ejecuta las piruetas del cómico inglés con la cadencia con la que el espectador actual vería una película de Charlot, y no con el movimiento real que le corresponde.
Pues no lo sabí, es curioso...
ResponderEliminarGracias por la información; llevaba tiempo buscándola. Me parece increíble que en pleno siglo XXI sigan lanzando dvds con la velocidad alterada.
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