05 junio, 2012

La crítica y tres libros de cine

Quiero comentar tres libros de cine que acabo de terminar. Intentaré ser claro porque empiezo a estar un poco harto de la crítica indiscriminada a absolutamente todo. 

A lo mejor soy yo, pero cada día que pasa me parece que los críticos (sobre todo los de cine) son cada vez más snobs. Por ejemplo, un crítico de cine jamás dirá "Hitchcock, director de La Ventana Indiscreta o Vértigo". Con ese afán que distingue al crítico de cine del espectador normal, escrbirá frases del tipo "Hichcock, director de Matrimonio Original"; "Spielberg, director de 1941"; "Coppola, director de Llueve sobre mi corazón" o Brian DePalma, director de Home Movies".

Esto es extrapolable a cualquier profesión cinematográfica. Una vez leí en la revista Dirigido un comentario sobre John Williams que empezaba diciendo "John Williams, compositor de Images..." (que digo yo, ¿para situar al lector era mejor Images que cualquier saga galáctica, Indiana Jones o E.T.?

Ser crítico de cine es, sin duda, el trabajo más odioso de la historia, peor que bajar a una mina tropecientas horas diarias. Debe ser así, porque salvo contadas excepciones, ninguno parece disfrutar del visionado de una película.

Por no hablar de los críticos que ven su propia película. Estos son, con diferencia, los mejores. Son esos que cuando lees su artículo piensas dos cosas: o este tipo ha visto una versión diferente a la mía o, lo más probable, yo soy rematadamente tonto y no he pillado nada.

Hay un caso notable en EE.UU. que documenta esta faceta crítica. 

Cuando se estrenó Tiburón, un famoso crítico vio claros indicios de que la bestia submarina simulaba ser el comunismo que atacaba a todo el poder político de la isla (¿se acuerdan de que la política tenía parte activa en la película? Todo aquello del alcalde de Amity que no quería cerrar las playas por la llegada del turismo...). Está claro que la vertiente política existe, pero de ahí a considerar el tiburón como una especie de Caza de Brujas... De cualquier manera, el crítico vio en Tiburón su propia película. El propio Spielberg declaró "si, bueno, puede ser... no sé, mi intención era hablar de un tiburón que aterroriza a todo el mundo".

En fin, me lanzo contra la crítica y no hablo de los tres libros que acabo de leer:

Ahora y Siempre (Diane Keaton)

No había oído hablar de este libro pero lo vi en una tienducha y lo ojeé por encima. Y en ese primer vistazo, leí algo de su relación con Al Pacino y el rodaje de El Padrino II. Lo compré.

Diane Keaton me hace gracia y me gusta verla en el cine. Y creía realmente en su naturalidad y su simpatía. Por eso no comprendo que el libro sea tan absolutamente aburrido. Quiero decir, una señora que ha tenido una larga relación con Warren Beatty, Woody Allen y Al Pacino (los tres grandes amores de su vida) y ha participado en algunas obras maestras debe -y tiene- que contarnos estos rodajes maravillosos. Y lo hace en apenas diez páginas para dedicarse el resto del libro a hablar de lo buena que era su madre y como ordenaba los cereales en la cocina.

Lo llamo libro de cine porque ella es actriz, pero no habla en absoluto de cine. Prácticamente nada. Cualquier aparición de un rodaje es pura continuidad para hablar de lo que realmente le importa: la decoración de su casa, los recuerdos de su padre... En fin, que las apariciones de su mundo cinematográfico son de este tipo: "El rodaje fue como la seda. Y Harrison Ford mi compañero de plano. Pero cuando llegué a casa me encontré...". Y ya está. Ese es todo su comentario sobre su rodaje con Harrison Ford.

Supongo que en otro ámbito y con otros intereses que no sean el cine, debe ser interesante saber como se ordenan los cereales.


La pasión de rodar (Alex de la Iglesia)

Esto es otra historia. Magnífico libro planteado como una larga entrevista. Yo ya sabía que Alex de la Iglesia es un magnífico narrador de anécdotas y que es capaz de analizar los detalles de nuestra vida cotidiana (que no es tan fácil) con la certeza absoluta de saber sorprender al oyente. Y además, se enfrenta a dos personas que saben hacer las preguntas adecuadas y que condensan en el libro mucha, mucha información y mucho, mucho humor.

Mi conclusión puede ser evidente, pero por si acaso, la plasmo por aquí: Alex es un tío que sabe lo que quiere y como los grandes maestros, todo tiene un porqué. Y aún así, le gusta fardar de que su educación (como la nuestra) se basa en un batiburrillo de información mezclada por Televisión Española, en la que para ver una serie que te gustaba, antes tenías que tragarte un programa de refranes. Y es que somos esa generación afortunada que se educó con los grandes clásicos del cine porque los ponían en prime time en la tele.

Un libro fundamental sobre nuestra infancia, nuestros recuerdos y su cine. Cada capítulo es una película y desgrana todos los detalles del rodaje, de los decorados, de la aventura americana con Perdita Durango... y es un libro tan reciente que llega hasta La Chispa de la vida.

Una profesión de putas

El mejor libro de uno de los mejores escritores de la historia: el gran David Mamet. Ya lo he leído tres o cuatro veces, pero es uno de esos libros fundamentales a la hora de entender cómo se hacen las cosas en el teatro y en el cine.

Pero lo mejor de todo, es esa forma de describir el ambiente teatral de los años 60 en Nueva York. Hasta él mismo se da cuenta, según escribe, que ese momento es muy fílmico: vive en un piso sin prácticamente muebles, no se relaciona con nadie pero gana el suficiente dinero escribiendo como para vivir tranquilo. Todas las noches se tumba sobre una alfombra en forma de oso y lee sin parar hasta altas horas de la madrugada. Por la mañana se pasea por el Nueva York de antes y se mete en diversos lugares (que describe con maestría). En el libro, además, pululan personajes muy curiosos, como el hermano del compositor Bernard Herrmann.

Mamet es capaz de hacer que una frase cotidiana suene a poesía, que tenga una musicalidad especial. Y es que Mamet, intenta ser natural contando silabas y añadiendo palabras con cualidades sonoras. Desde luego, un fuck en una película suya suena de forma sublime.

Por su relato pasan anécdotas, rodajes, ensayos... todo desde el punto de vista ameno y divertido (y particular, muy particular) de Mamet.

Ayer terminé el libro y hoy empezaré de nuevo a recorrer su carrera en el cine: desde House of Games hasta Glengarry Glenn Ross, pasando por State & Main, Las cosas cambian o Los intocables de Elliot Ness. Va a ser una buena semana.

2 comentarios:

  1. Lo de John Williams, compositor de Images tiene mucha gracias. Las otras con los directores también...
    Pues tengo uno de los libros que comentas, pero aún no lo he leído... A ver si cambia la cosa y me pongo..
    Un saludo

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  2. elanonimotranquilo12:00 a. m., junio 06, 2012

    cannes que este año ha tenido una de las peores ediciones que se recuerdan...

    y donde pone cannes ponga venecia, berlin, valladolid, san sebastian, sundace...

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