28 diciembre, 2007

Sweeney Todd se acerca y Dios habla

Estoy como un niño, no dejo de pensar en el estreno de Sweeney Todd, mi musical favorito en el cine de la mano de Tim Burton... ups...

El caso es que por esos mundos salvajes de la red, me he encontrado la banda sonora. No puedo parar de escucharla. La primera audición para descubrir, con tristeza, las canciones que han sido eliminadas en su traslado cinematográfico. La segunda para descubrir las nuevas orquestaciones y nuevos apuntes musicales. Las demás escuchas, para disfrutar como un enano.

Siempre lo digo, Sweeney Todd es difícil. La primera vez que escuché la obra no me dijo demasiado, pero Stephen Sondheim trabaja a tantos niveles que entra dentro de tu cabeza como una navaja de afeitar (eso, eso). La segunda vez me pareció bastante más interesante, la tercera... la cuarta... una puñetera obra maestra.

Uno de las cambios más significativos de la película es la eliminación de La Balada de Sweeney Todd, la canción que da unidad a la obra y que los personajes van cantando constantemente. Pero claro, es una canción que en el primer minuto del musical te desvela prácticamente toda la historia: en el teatro prima saber "cómo" llega a esa situación narrada y en el cine, como casi siempre, prima el misterio de saber "qué va a pasar". Es una pena su eliminación pero, en este caso, comprensible.

La melodía de esa magnífica balada, sin embargo, resuena en los títulos de crédito que, como siempre con Burton, son fantásticos. La orquestación es muy potente y ya se dan datos importantes: silla de peluquero, sangre, empanadas y Londres. Vale la pena verlos (de forma legal, los ha puesto la misma productora en la red):



También me he encontrado con que el compositor Stephen Sondheim no ha vendido los derechos para la peli, sino que está involucrado de lleno, ofreciendo incluso entrevistas promocionales. Me gusta oírle hablar, me gusta su música y me parece delicioso que el genio musical del sg. XX siga activo. Ver esta entrevista es, para mi, algo parecido a ver a Dios hablar.


27 diciembre, 2007

Una sobre el mismo mar

En Canarias, en fechas navideñas, siempre llega a la tele Una sobre el mismo mar. Una canción que cada año tiene su versión y que siempre, siempre, pone la piel de gallina. La letra supone un recorrido por todas las islas, una por una, cantando sus excelencias... pero el mensaje es que, en realidad, nuestras siete islas son sólo una sobre el mismo mar. Para los que no conozcan esta magnífica composición de Benito Cabrera, vale la pena escucharla con atención, al menos, una vez en la vida. Pero... ¡aviso! si eres de Canarias y no estás en casa, te aseguro que te hará llorar (lo digo por mi hermana, afincada en Madrid y que, estos días, no está para rollos).



PD: He escogido esta versión porque, en su momento, me gustó bastante... en youtube, hay mil versiones más...

26 diciembre, 2007

La canción desaparecida de Regreso Al Futuro

Vía BsoSpirit me envían este enlace como "la canción desaparecida de Regreso Al Futuro". Esto es friki... pero mucho, mucho. O este tío se aburre o es un genio, todavía no lo sé. Si quieren más música de cine cantadas por él, sólo tienen que ver su cuenta de Youtube.



PD: Y ya, de paso, les pongo las tomas falsas de Spiderman 3.


23 diciembre, 2007

La clarividencia de Bruce Willis

Aprovecho estos días de descanso para darme unos buenos lotes de cine. Ayer pude ver Pulp Fiction, que aguanta el paso del tiempo de forma estupenda y sigue siendo un clásico de la narrativa cinematográfica moderna. Lo que me entusiasma de Tarantino, como me entusiasma en Kevin Smith o incluso en David Mamet, es esa capacidad de realizar diálogos hiperrealistas con los que me siento absolutamente identificado como espectador. Parecen sencillos y son pura música.

No quiero extenderme en Pulp Fiction, pero debo decir que pocas escenas me han causado tanto impacto en un cine como la espera de Travolta y Samuel L. Jackson en la puerta de una habitación en la que van a realizar una matanza. No entran sobre la marcha porque han llegado tres minutos antes de tiempo. Se apartan, siguen hablando un rato de tonterías y a los tres minutos, entran a cepillarse a todo Dios. Tremendo guión.

El caso es que han editado la película realmente bien: buen formato, buena imagen, sonido impecable y... un disco extra de extras. Además, extras muy buenos, entre otras cosas: entrevista de una hora a Tarantino (rozando la genialidad) y un making of de los buenos (la cámara de vídeo en el rodaje y sin declaraciones del tipo "que bueno es el director y me encanta estar aquí")...

En un momento dado del documental, Bruce Willis, que no es la típica estrella que me hace comprar entradas (aunque siento verdadera pasión por El protegido y me gusta bastante La Jungla de Cristal) entabla una conversación con Tarantino (que está grabando en vídeo). De repente, el actor me deja con la boca abierta cuando le dice al director y, por tanto, mirando a cámara: "Esto que tienes en la mano... esta cámara... dentro de pocos años, saldrán unos estudiantes que harán una película por cuatro duros, con mala iluminación, sin estrellas pero con un buen guión. Se harán de oro".

Seis años más tarde, en 1.999, se estrenó El proyecto de la bruja de Blair.

PD: Por si fuera poco, en los extras podemos ver una entrevista a QuentinTarantino bastante antigua que le hace Michael Moore. Por esa época, Moore ya tenía un programa de televisión (en cine solo había hecho Roger & Me). En mitad de la entrevista, se acerca por detrás Samuel L. Jackson y Moore bromea con el actor sobre el hecho de que su nominación no se haya traducido en Oscar. Jackson le responde algo así como "la persona que algún día ganará el Oscar eres tú, con esos documentales que haces".

Bowling for Columbine, 2002. Oscar al mejor documental.

Ups... por un momento, no sabía si estaba viendo los extras de Pulp Fiction o un especial de Jimenez del Oso.

20 diciembre, 2007

La historia más grande jamás contada

Mi sobrina Alasse, que es muy inteligente y muy friki, dice en su blog que no le gustan los post personales que alimentan el ego del bloguero.

Yo tengo algo personal que contar:

Mi hija mayor tiene cuatro años y medio y habla por los codos. Desde que se despierta, con los ojos recién abiertos, empieza a abrir la boca y no para, no para, no para. Normalmente me hace gracia y no me importa que siempre tenga algo que contar (aunque empiezo a notar que cada día desconecto un ratito mientras asiento con la cabeza).

Pero no estaba preparado en absoluto para la batalla de preguntas sobre Papá Noel y los Reyes Magos. Hace un mes, aproximadamente, debería haberme sentado con mi mujer y organizar una historia mínimamente coherente. Ahora, la historia se nos ha ido de las manos y parece un culebrón de los malos.

Todo empezó con su preocupación por la chimenea ya que nosotros no tenemos de esas cosas. Literalmente me preguntó si se quedaría en el tejado buscando un hueco inexistente por donde entrar. Le dije que no se preocupara, que le dejaríamos una ventana abierta y algo de comida, que aunque tenga mucha prisa para ir por todas las casas del mundo, algo comería.

Eso no le bastó.

Y empecé a contarle algo ininteligible que espero que el año que viene olvide, porque ni siquiera podría contarlo ahora: que visita las jugueterías escogiendo los regalos adecuados, que tiene una llave mágica, que en realidad si se cambia de ropa pero todos sus trajes son iguales... bueno, un auténtico caos de historia.

Y de repente, me preguntó por Rudolph, y yo, que ya me estaba imaginando a Papá Noel viniendo acompañado de un bailarín, recordé el reno del hocico rojo (gracias Gomaespuma). Me dijo que teníamos que dejar algo de comida para los renos, sobre todo para Rudolph...

-Con un poco de hierba bastará...dije yo.
-Mejor les dejamos aparcar en el jardín y que se tomen toda la hierba que quieran- dijo ella.

Y hoy me ha hecho imprimir en el ordenador un cartel que dice: "Papá Noel, puedes aparcar los renos en el jardín".

Yo notaba que la cosa se iba liando. Pero no me di cuenta de lo lejos que estábamos llegando hasta que me metí en la ducha y oí la siguiente conversación entre mi hija y mi mujer (que al no ser española, solo llamar Papa Noel a Santa Claus ya le cuesta y no está muy puesta en tradiciones navideñas. El año pasado se enfadó porque el 5 de enero puse "unos zapatos sueltos por el salón"):

Hija: ¿Y Papá Noel que regalo me va a traer?
Madre: Supongo que algún juguete de los que has pedido en la carta a los Reyes Magos.
Yo en la ducha, pensando: Se vaaaa a liar...

Hija: ¿Y cómo sabe Papá Noel los regalos que le he pedido a los Reyes Magos?
Madre: ...
Yo, en la ducha, pensando: ¡Tate! ¡Te ha pillado!
Madre: (mirándome con cara de "he ganado"): Pues antiguamente no lo sé, pero ahora Papá Noel les llama por el móvil y se entera en un momento.

Casi resbalo por tamaño comentario pero la cosa, por lo visto cuajó, ya que mi hija dijo:

-Ah, seguramente debe ser un móvil mágico. Y rojo.

17 diciembre, 2007

Crónica negra de Hollywood: El asesinato de Thomas H. Ince

Me parece que nunca he escrito sobre esta historia y es, posiblemente, una de las más negras de Hollywood. Ocurre en 1.924, en un pequeño crucero en el acojonante barco de William R. Hearts.

Mega multimillonario y poderoso, Hearts es propietario del gran imperio de los medios de comunicación del momento. Sobre él y sobre su amante, la dudosa actriz Marion Davies, Orson Welles rodaría, unos años más tarde, su primera obra maestra Ciudadano Kane.

Además de Marion Davies, entre los invitados ilustres del barco se encuentra Charlie Chaplin, Thomas H. Ince y Louella Parsons, una de las periodistas más cotillas y con más poder en Hollywood, aunque en 1.924 todavía era una simple periodista del montón bajo la nómina de Hearts.

Thomas H. Ince es una de las personalidades más importantes de la historia del cine. Creador de los estudios cinematográficos en general (vamos, que fue el primero en poner diez producciones al mismo tiempo) y fundador junto a Griffith de la Triangle, era uno de los directores y productores más famosos de Hollywood. Eso sí, cuando llegó al famoso crucero, ya estaba de capa caída y, en realidad, buscaba trabajo. La idea era: si Hearts quiere promocionar y darle películas a Marion Davies, alguien debe guiar su carrera...

Y aunque Chaplin era muy, muy famoso, en 1.924 acababa de dirigir La Mujer de París, la primera peli en la que no aparecía Charlot y que habían sido un fracaso estrepitoso. Además, en ese rodaje había dejado embarazada a su joven actriz de 16 años, Lita Grey, y por tanto, su fama de acostarse con jovencitas había empezado a ser la comidilla de Hollywood.

Con esto quiero decir que más que triunfantes, el barco llevaba a unas cuantas personas desesperadas.

Y es aquí donde la historia se convierte en un drama shakespeariano. Todos saben que Hearts es muy celoso en su relación con Marion (que es infinitamente más joven que él) y está bastante ofendido por un artículo de prensa en el que se deja caer que Chaplin está tonteando con Marion.

Aunque Marion y Chaplin niegan esta noticia, todos los invitados en el barco se dan cuenta de que, cuando Hearts no está presente, los dos se las ingenian para estar juntos. La realidad de esa relación nunca la sabremos, lo que si sabemos es que Thomas H. Ince, para ganarse la amistad de Hearts y demostrarle que es una persona de confianza sobre la que se puede depositar la carrera de Marion, le va contando personalmente todo lo que la pareja hace cuando Hearts no está presente. Más que la voz de la conciencia, es una especie de Iago poniendo fuego sobre Otelo.

Hearts va perdiendo la compostura y una noche en la que descubre que Marion no está en su camarote, saca una pequeña pistola y busca a la pareja por todo el barco. En una esquina, se encuentra a Marion, hablando con alguien en la oscuridad. Sin mediar palabra, Hearts dispara, hiriendo mortalmente en la frente al director Thomas H. Ince que en aquel momento estaba hablando con Marion Davies.

El crucero terminó al día siguiente. Recogieron a Thomas H. Ince para llevárselo a su casa donde murió tres días más tarde. Chaplin, que salvó su vida por esta extraña confusión, abandonó el barco y no volvió a ver a Marion Davies. Y por supuesto, la que salió ganando en esta historia silenciada por la prensa de la época (prensa propiedad de Hearts) fue Louella Parsons, que pasó de ser una periodista del montón a tener su propia columna y un contrato vitalicio con el magnate de la comunicación.

Nadie habló sobre lo sucedido durante años... por lo menos, hasta que murió Hearts. En ese momento, el pacto de silencio se rompió y empezaron a salir detalles escabrosos, de esos que en aquella época y en Hollywood eran tan habituales.

PD: Estas historias de Hollywood, que en principio parecen rumores y leyendas hasta que alguien se sienta a investigar, está plasmada en una de esas películas condenadas a no ser vistas por nadie y que, sin embargo, es bastante curiosa: The cat`s meow (El maullido del gato, 2.001) del nunca bien ponderado e ídolo de un servidor, Peter Bogdanovich. No es una obra maestra, pero creo que vale la pena verla. Ah... y aquí está el trailer.

12 diciembre, 2007

Publicidad molesta

Una genialidad.

Iba a apagar el ordenador cuando en mi e-mail ha aparecido este mensaje. Está en inglés y es una conversación telefónica, pero viene con letritas en inglés (?), pero de verdad, vale la pena.

Yo soy de los que si suena el móvil, aunque tenga algo en el fuego o este dentro de un túnel con el coche, no puedo evitarlo, por lo menos tengo que ver en la pantallita quien llama. Por eso me molesta tanto que me molesten para una tarifa nueva de Vodafone o que me llame un señor para ofrecer cualquier cosa (que ya les vale, en la época de Internet, con un completo supermercado en tu monitor, que te llame alguien para venderte algo que no has pedido y además, ¿enciclopedias? ¿cincuenta tomos voluminosos cuando tenemos la Wikipedia en Internet o el Espasa en un pequeño CD...? Están de coña).

Me molesta tanto que un día, haré como este señor... memorable:


Consumir en Navidad

Soy un consumidor nato y ese, especialmente ese, es mi punto débil. Me compraría libros, muñecos, dvd, cd, pianos de cola y cromos de películas sin parar, estableciendo un bucle espacio-temporal entre los grandes almacenes y yo que, seguramente, provocaría una paradoja de la que Doc Brown se sentiría orgulloso.

El caso es que la Navidad me lo pone complicado. Antes, cuando era más joven que ahora, eran fechas complicadas para un tipo educado en un colegio de curas: tenía que ir a misa (y aún así buscaba una chica mona para sentarme al lado y clavarle un beso en el momento de darnos la paz).

Espera, que me lío.

El caso es que cada vez que me meto en Internet para buscar un regalo o entro en una tienda para buscar cosillas para la familia, encuentro algo para mi que realmente necesito tener. Hoy, buscando unas pelis, me encuentro con que han sacado un montón de cofres interesantes con películas maravillosas, incluso hay uno de Lubitsch que ya le he puesto fecha (centrándonos: en las rebajas).

Me meto en Internet y descubro en el post de Uruloki una página en donde hablan de consumismo friki, y en vez de concienciarme sobre mi problema, me encuentro con ese magnífico Marlon Brando en Superman que encabeza este post (¡esa figura tiene que ser mía!).

Y para colmo de los colmos, los de Intrada no paran de editar bandas sonoras descatalogadas hace años, con unas tiradas miserables de 500 o 2.000 unidades, a precios poco razonables. Entre ellas, el Alien de Jerry Goldsmith, que tiene su historia: al compositor le cambiaron gran parte de la banda sonora y, ahora, se edita en dos discos, con las grabaciones originales no incluidas en la peli y con el resultado final. Además del Images de John Williams y Con la muerte en los talones de Herrmann completa... y unos diez scores más que me gustaría tener (originales, quiero decir).

Me estoy volviendo loco. Y todo esto, con mi sueldo miserable, con tropecientas Barbies y princesas que debo comprar y alguna cosa con empaque para mi mujer. El año pasado le compré la Nintendo DS, la de entrenar el cerebro, y se notó bastante que el máximo interesado en esa máquina era yo. Al final, la tenemos en un cajón y mi cerebro quedó estancado en casi 70 años. Lo malo es que, cuando la enciendo, la Nintendo se enfada conmigo y me dice: "llevas cuatro meses sin entrenar el cerebro". Pues vete a la mierda, maquina infernal.

Espera, que me lío de nuevo.

El consumismo desbordado me lleva a ser egoísta. Y ya saben, el egoísmo lleva al miedo, el miedo a la ira, la ira al odio, el odio al sufrimiento y terminaré, seguro seguro, por no dominar la galaxia.

PD: Perdón por esto, pero estoy trabajando demasiado. Publicidad y Navidad son dos palabras que se llevan muy bien, salvo que trabajes en publicidad a nivel currito patatero y no tengas un minuto libre para disfrutar del amor y la amistad desbordante que... oh... Paparruchas.

08 diciembre, 2007

Seth Rudetsky

Las cosas claras: si te gustan los musicales y algún día decides darte una vuelta por Nueva York, unas semanitas antes debes pasarte por la página web de Seth Rudetsky y hacer una reserva en su café- espectáculo.

Rudetsky es un showman apasionado por los musicales, además de ser tremendamente cómico y un gran pianista. Lo que hace, de concepto, es bastante simple. Ha concebido un lugar en donde los cantantes de musicales puedan contar sus experiencias y cantar algo mientras Seth les acompaña al piano. Un buen lugar de reunión para los actores después de una actuación.

Por allí pasan primeras estrellas y gente del coro, pero si vas un buen día, puedes pillar a Patrick Wilson (Raoul en la película El fantasma de la ópera y cabronazo sufridor en Hard Candy) cantando If I loved you de Carousel...



O a todo un talento como Raúl Esparza (de Taboo y Hair, entre mil musicales más) cantando el Defying Gravity de Wicked con bastante gracia:



Todos los cantantes quieren ir, no sólo por pasar un buen rato sino porque todo lo que se recauda se destina a una asociación pro-Broadway y, por el coste de 10 dólares y el precio de dos bebidas, puedes tener tu asiento.

Y cuando digo que Seth tiene verdadero talento como cómico, lo digo con pruebas videográficas: aquí su pequeño monólogo analizando la dicción de Barbra Streisand. Vale, habla muy rápido y sólo comprendo la mitad de lo que dice, pero hay cositas que las deja muy, muy claras:


03 diciembre, 2007

Centauros del desierto: con los dedos de una mano

Creo que en los últimos meses he hablado de mis sentimientos por Vértigo, Perdición, El crepúsculo de los dioses y, bastante a menudo, de En busca del arca perdida. Ahora toca Centauros del desierto. Así, con los dedos de una mano, ya saben el nombre de mis cinco películas favoritas.

Centauros del desierto no sólo es la repera de entretenida sino que ha ido creciendo con el tiempo (con mi tiempo). Todo lo que John Ford puso en la película es tan denso y, al mismo tiempo, tan clarito, que cada vez que la veo, creo que va de algo diferente. Y cada nueva lectura es apasionante.

Pero mentiría si dijera que me apasiona por eso. La película tiene una fotografía (y no me refiero a sus paisajes) y una planificación perfecta. Lenguaje cinematográfico en estado puro. Puro John Ford. Es fácil caer en la tentación de contar la anécdota de Kurosawa, cuando le preguntaron en que se inspiraba para hacer sus obras maestras, que qué tipos de pintores japoneses, qué tipo de literatura... y el maestro japonés contestó escuetamente: veo el cine de John Ford.

Centauros del desierto demuestra que Ford se equivocaba al considerarse un director de western. Y también demuestra lo increíblemente equivocados que están los que piensan que John Wayne es un actor menor (eso sí, hay que verlo en V.O.). El gran Ethan, el personaje de John Wayne, es un personaje para estudiar detenidamente, contra todo manual de cine, es despreciable y, sin embargo, nos identificamos con él y lo amamos durante toda la cinta.

Cada plano de la película es una obra maestra en sí mismo. Cada encuadre. Cada movimiento de cámara. Cada movimiento actoral dentro de cuadro (Dios mío, ¿cómo se pueden mover esos personajes y a cada paso, crear una composición perfecta?).

En dos palabras, Centauros del desierto trata del asesinato de una familia americana por parte de los indios Comanches (todos los miembros muertos, menos la pequeña Debbie, a la que raptan). Ethan, hermano del padre de familia asesinado, se dedica durante años y años (por algo se llama The Searchers) a buscar a la pequeña Debbie. Cuando la encuentra, la pequeña es una joven india, educada en otro mundo y que ni siquiera recuerda a su verdadera familia.

Para saber el final, compren el DVD.

No es difícil encontrar una secuencia que justifique todo lo que he contado, porque en realidad, todas aguantan un estudio pormenorizado: todos los personajes valen la pena, todas las subtramas son sorprendentes. Pero el trocito que he encontrado en Youtube es el asesinato de la familia. Por supuesto, en la película no se ve la violencia, se habla de ella y se intuye, pero nunca se ve. Y os aseguro que eso lo hace todo mucho más violento.

ATENCIÓN: vas a ver puro cine, nada de estética vídeo-clip. Nada de planos montados al tuntún. Es difícil decir esto a estas alturas de siglo, pero lo que van a ver se llama lenguaje cinematográfico. Pone la piel de gallina y no tiene efectos especiales.

¿Que es lo que pasa en la secuencia?

El padre sospecha que la casa está rodeada por los indios. Cuando sale a echar un vistazo con la excusa de cazar algo, la esposa se da cuenta de que algo pasa: su marido no sólo coge el rifle de caza sino que coge la pistola. La hija mayor, que está preparando la mesa, quiere encender una luz y su madre se lo impide. El padre certifica que están rodeados. La hija finalmente enciende la luz y cuando su madre le grita por hacerlo, se da cuenta de la verdadera situación (tremendo travelling a primer plano de la hija mayor, seguramente, uno de los movimientos de cámara más acojonantes de la historia del cine). Finalmente, dejan salir a la pequeña Debbie por la ventana, donde un indio (el malvado Scar) la encuentra.

Si no te gusta, sal corriendo a comprar Transformers, que va de robots que destruyen el mundo y no se ve nada porque su montaje tiene los planos cortitos, cortitos...


29 noviembre, 2007

Haciendo pelis

¡Olvídate de mi! es una película muy interesante. Por eso, vale la pena seguir la carrera de su director Michel Gondry. Lo que no me esperaba al ver el trailer de su nueva película, Be kind Rewind, es que se tratara de una comedia con una historia tan... MAGNÍFICA.

Un tipo que trabaja en un videoclub magnetiza todos los VHS y los borra. Para no perder su trabajo, rehace todas las películas de un modo casero (en la foto, está haciendo Robocop). Y a sus clientes, les gusta.

No te pierdas el trailer. No tiene desperdicio.


28 noviembre, 2007

Risas en Wicked (actualizado para desafiar a la gravedad y RE-ACTUALIZADO)

Hace ya algún tiempo hablé de Wicked, un musical magnífico. También puse unas imágenes en donde se veía que las dos protagonistas, Idina Menzel y mi amada Kristin Chenoweth, respiraban buen rollo y armonía. Tras ver este vídeo de 30 segundos, debo decir que no andaba desencaminado: el buen rollo existe, aunque sea en directo y actúes como una bruja verde.



ACTUALIZACIÓN: Y la bruja, en el escenario, desafía a la gravedad... ¿Y cómo hacen esto sobre un escenario? Lo explica Stephanie J. Block, mi nuevo amor platónico desde que me llegó The Pirate Queen (y que antes cantaba en la gira de Wicked)




ACTUALIZACIÓN 2: Me mandan en un comentario un ataque de risa de Wicked mucho más divertido. Muchas gracias. Es este:

27 noviembre, 2007

Fotos de Indiana Jones y nosequé Skull

No. Sigue sin gustarme el título... pero estas fotos que han aparecido hace unos minutillos en Ain´t cool news me gustan... MUCHO.

Creo que el de detrás debe ser el malo.

Indiana Jones, por fin, tiene una linterna a pilas.

Indiana Jones tiene un látigo y una pistola, pero la chaqueta le queda pequeña.

Atrapar un rayo en una botella

Atrapar un rayo con una botella no está necesariamente relacionado con la botella de Leyden, aunque es evidente que algo tienen que ver. Me refiero a una frase legendaria, muy popular en Hollywood, que ahora se acuña a Blake Edwards (más que nada porque su biografía se titula de esta manera).

El concepto es sencillo. Cuando la cámara de cine está rodando, a lo mejor tienes suerte y capturas un rayo (léase, un momento mágico, una casualidad, un tempo, una actuación...). Un plano mágico que no sólo forma parte del ensayo y del trabajo, sino que las hadas se han puesto de tu parte y han cumplido a la perfección con su cometido.

Es un concepto romántico que me ha tenido pensando unos días. Recuerdo momentos memorables de pelis en los que siempre he pensado que hay un componente mágico, como Gloria Swanson bajando por la escalera en Sunset Boulevard, rodeada de periodistas y policías parados como estatuas (en concreto, localizo tres fotógrafos que son incapaces de sacar la foto cuando la actriz pasa por su lado).

Son muchos los momentos sublimes en la historia del cine, pero es difícil saber cuando, gracias a un factor indefinido, el destino ha puesto una cámara en el momento adecuado, en el sitio adecuado y con la persona adecuada delante.

Bueno, vale. Conozco un momento en donde se captó ese rayo. Lo he puesto dos o tres veces en este blog, pero como cada día hay gente nueva por estos lares, lo pongo otra vez. No es de una película. Alguien con visión de futuro decidió hacer un documental sobre el enorme trabajo que supone montar un musical de teatro: Miss Saigon. Lo grabó todo, de principio a fin. Cuando llegó el momento de hacer un casting, los productores y el compositor se fueron por todo el mundo y encontraron a Lea Salonga en Manila, que ahora es una cantante muy conocida por su impresionante voz (después fue Yasmine en Aladdin).

Se captó el rayo por muchos motivos: en primer lugar, ella se ha hecho muy popular, pero en el momento de grabar estas imágenes era una (casi) desconocida de Manila. En segundo lugar, su aparición en escena es pidiendo un autógrafo al compositor (para mi, es como ver a Spielberg pidiendo un autógrafo a alguien, algo casi sin sentido). En tercer lugar, la canción que comienzan a trabajar es una de las más famosas del musical (pero ahora podemos ver como se equivoca en algunas notas) y por último, el cámara captura la cara del director del show, el productor y el letrista. Son caras de "por fin hemos encontrado a la protagonista" y de "volvemos a casa, tenemos a nuestra cantante". El momento es tan bueno, que a mi me parece ver como al productor (la persona que está en el medio, apoyado al piano) le salen signos de dólar de los ojos.

Y todo esto regado con la voz de Lea Salonga. Datos que me hacen pensar que, efectivamente, alguien capturó un rayo en una botella.




PD: Después se convirtió en estrella, se hizo más guapa y podemos disfrutar de sus conciertos y sus musicales. A lo mejor es que con ella es fácil capturar rayos.

24 noviembre, 2007

El director es la estrella

Lo he encontrado hoy en mi librería favorita. Cuando sale un libro de Peter Bogdanovich al mercado, las personas a las que nos gusta el cine (evítese la palabra cinéfilo) deberíamos hacer una fiesta con canapés y Rioja.

Se trata de un I volumen (de II) con conversaciones con Allan Dwan, Raoul Walsh, Fritz Lang, Von Sterberg, Howard Howks y Hitchcock. En la contraportada dice: "Cuando le preguntaron cuáles eran sus directores preferidos, Howard Hawks contestó: "Me gusta cualquiera que te haga darte cuenta quien diablos ha dirigido la película". Y precisamente esa frase es la que da título al libro en su versión original: Who the devil made it. Pero no nos engañemos con este juego de títulos, por lo que he leído del libro, la traducción es francamente buena.

He leído unas 50 páginas, y ya hay datos muy interesantes. La gracia de Bogdanovich es que todo el mundo cree que es un famoso crítico de cine, un teórico que se pasó a la realización de películas. Pero la realidad es bien diferente: es un actor, regidor, director, escritor y tramoyista que desde muy joven ha estado sobre un escenario, actuando y dirigiendo (y recibiendo clases de la mítica Stella Adler). Lo que pasa es que al principio, Bogdanovich, hombre de gran cultura artística y cinematográfica, sólo se podía ganar bien la vida escribiendo sobre cine (según sus palabras, no sólo cobraba por sus artículos sino que podía ir gratis a un montón de películas y, además, le regalaban libros).

Su cultura, su personalidad y, sobre todo, su curiosidad le ha hecho hablar con todos los directores clásicos. Es más, según lo que cuenta en el prólogo, era algo muy fácil de hacer. En los 60, la mayoría de ellos estaban olvidados por el negocio y el gran público. Como Orson Welles recordaba: "Es triste ver como los grandes directores de orquesta tienen más valor y caché cuando cumplen 80 años, y los directores de cine, a esa edad, estamos condenados al olvido". De cualquier manera, Bogdanovich cuenta con pelos y señales (ante todo Bogdanovich es un mitómano) como fueron los encuentros con estos directores y riega las conversaciones con anédotas y muchos, muchos detalles.

Lo curioso es que, como en su anterior libro Las estrellas de Hollywood, es capaz de hacer un capítulo sobre un íntimo amigo, Jerry Lewis o Warren Beatty, y contar hasta como es el salón de su casa, hasta hacer otro capitulo sobre un actor con el que sólo se ha cruzado una vez por la calle y han hablado un minuto (memorable, porque te cuenta como olía, como iba vestido, como miraba, como se detuvo...)

En palabras más coloquiales: Bogdanovich no sólo sabe un huevo sino que, además, es un escritor magnífico.

PD: Para los más despistados, Peter Bogdanovich ha dirigido películas como La última película, ¿Qué me pasa, doctor?, Luna de Papel, Nickelodeon, Qué ruina de función... aunque hay dos datos que me gustan mucho sobre él: durante bastante tiempo fue pareja de Cybill Shepherd y ha dirigido un episodio, porque le gustaba la serie, de Los Soprano.

PD2: Buscando un vídeo que me gustara en Youtube de Peter Bogdanovich, he pensado en poner el trailer de La última película, que es, para mi, la obra por la que será recordado. En realidad, es fácil llegar a esa conclusión: es una obra maestra. Pero me he encontrado una serie de vídeos de la AFI conmemorando sus cien años que se llaman "¿Cuál es tu película favorita?" en donde personalidades del cine divagan sobre su película favorita de la historia del cine. Están francamente bien...


21 noviembre, 2007

El viaje a ninguna parte

Hace algún tiempo que, de forma casi inconsciente, decidí que en este blog no iba a hacer ningún obituario (y algunos he escrito porque en ese momento he sentido la necesidad de contar algo, como en el caso de Jane Wyman), igual que no suelo hablar de películas que se vayan a estrenar o estén en rodaje. No lo hago porque, sinceramente, hay muchos blogs de cine que lo hacen muy bien y yo escribo por impulsos, por las cosas que me apetece contar en un momento determinado.

No hablé de la reciente muerte de Deborah Kerr, aunque me quedé muy impactado cuando pocos días después murió su marido, el gran Peter Viertel, guionista magnífico que podemos ver retratado en Cazador Blanco, Corazón Negro (que narra su aventura personal rodando con John Huston La Reina de África), demostrando que las historias de amor y pasión también suceden en la vida real.

Ni siquiera he hablado del Goya de Honor que le van a dar a Alfredo Landa, un Goya tan bien entregado y merecido que poco hay que decir. Ante las evidencias es mejor callar...

Pero hoy me salto todas las reglas porque Fernando Fernán Gómez se ha muerto. Y me da pena. Estoy triste y creo que la vida es injusta. Es injusta porque la gente joven no ha visto sus películas, porque creen que era un viejo cascarrabias más famoso por decir "a la mierda" (que ya he leído como parte de su obituario en algunos periódicos) que por toda su carrera en el cine.

Estoy triste porque se ha muerto El malvado Carabel.
Estoy triste porque se ha muerto el escritor de Las bicicletas son para el verano.
Estoy triste porque se ha muerto el director de El extraño viaje.
Estoy triste porque se ha muerto el actor de El espíritu de la colmena.
Estoy triste porque se ha muerto el tipo de la palabra afilada y el verbo certero.
Estoy triste porque se ha muerto el creador de dos tomos de memorias que son imprescindibles.
Estoy triste porque se ha muerto el último de una generación mágica (todavía recuerdo a Fernando Rey, a Paco Rabal, José Isbert...)

Fernando Fernán Gómez es el cine español. Que me perdone el resto, que me perdone Berlanga, que me perdone Buñuel, que me perdone Edgar Neville... pero con la muerte de D. Fernando se ha ido el cine español a mejor vida. Nadie volverá a tener la gracia y el talento de sacar comedias tan absolutamente magistrales como La vida por delante y La vida alrededor (cuando ni siquiera Hollywood sabía que podía ser rentable una segunda parte, Fernando Fernán Gómez ya había cogido los mismos personajes para diferentes pelis).

No sigo, he leído dos veces sus memorias y podría hacer el post más largo del mundo. Pero debo decir algo. Con los dedos de las manos podría decir mis diez películas favoritas de la historia del cine (no, español no, del cine en general) y os aseguro que una de ellas es El viaje a ninguna parte. En ella actuaba un absolutamente magnífico (de hecho, creo que fue su momento más creativo) Fernando Fernán Gómez, al que dirigía de forma magistral Fernando Fernán Gómez, basándose en una novela absolutamente deliciosa escrita por Fernando Fernán Gómez.

Hoy, con el corazón en la mano, es un día triste para todos. Nos hemos quedado sin uno de los genios más grandes del cine. Y no recuerdo una muerte de alguien relacionado con el séptimo arte que me haya dolido tanto como esta.

VÍDEO: El abogado de La vida por delante en acción.


20 noviembre, 2007

El mágico mundo de Stephen Schwartz

Es difícil pronunciar su nombre y bastante más difícil escribirlo. Pero el talento de Stephen Schwartz como compositor lo sitúa a la altura de Lloyd Webber o Alan Menken. Stephen Sondheim juega en otra liga. Como ya saben y si me lo permite Fernando Trueba, Sondheim es Dios.

He hablado del trabajo de Schwartz en algunas ocasiones, como cuando se me caía la baba con Wicked (aquí) o como cuando me di cuenta del talento que rebosaban las canciones de El príncipe de Egipto (aquí).

El primer número musical de El príncipe de Egipto es uno de esos momentos cinematográficos que nunca se olvidan. En la tradición de los grandes musicales, comienza con un gran coro de esclavos. Construyen una gran esfinge bajo la atenta mirada (y algunos violentos latigazos) de sus capataces. No sólo la música es magnífica, la planificación y el montaje formalista es espeluznante.

La canción sigue (otra vez: tradición de gran musical) en el hogar de Moisés, con la madre cantando. Los guardias están matando a los niños y la madre se lo lleva al río para que Moisés bebé pueda salvarse. En un cambio magistral, el número musical continúa en forma de nana (una melodía que en mi casa se canta a todas horas, sobre todo en la ducha). La canastilla del bebé se aleja por el río y nos da el primer plano de la mujer llorando (plano que se ha convertido en la imagen de la peli). Comienza un interludio musical bastante espectacular con la cesta y el bebé sorteando toda clase de peligros, hasta que llega a la casa del faraón, en donde se retoma el tema de la nana, primero cantado por la hermana de Moisés y luego, por un coro extradiegético (palabreja rara que, básicamente, nos dice que es un coro que no se justifica con la imagen. Hasta ahora, todas las voces de la canción procedían de personajes que cantaban).

Y atención, planazo de la mujer del Faraón con Moisés en brazos y su verdadero hijo en segundo plano intentando no quedar en segundo plano. Un número musical bastante completito.



Stephen Schwartz, además de compositor, suele hacer las letras, lo que no es habitual (también Dios Sondheim lo hace). Y en muchas ocasiones, ha sido el letrista de otros músicos, como su colaboración con Alan Menken en la letra de Pocahontas y El Jorobado de Notre Dame.

Todo esto que estoy contando sobre Schwartz, es porque creo que su mejor obra es Godspell (un musical que siempre se ha dicho que seguía la estela de Jesucristo SuperStar porque se estrenó un año más tarde y, bueno, va más o menos de lo mismo).

Pero no me entiendan mal. Como musical, Godspell me parece abominable (y casi peor es la película que hicieron). Como entramado de guión, los personajes, las parábolas... me parece que... si en su tiempo era malita, verla con ojos actuales es un acto de masoquismo que no procede. Es una obra perfecta para universitarios, para colegios mayores, para institutos. Las reglas del musical están bien claras para que se pueda representar por todo el mundo (algo en plan "si pones esta canción aquí, esta otra la puedes cambiar para el final", y además, tiene canciones como Beautiful City, que puedes ponerlas o quitarlas). No tiene decorados (con un sofá lo tienes todo) y su vestuario son unos vaqueros y pintura de atontao en la cara.

Pero sus melodías son fáciles de retener, sus armonías claritas, sus coros tienen gancho y en todo eso, radica su gracia. En realidad, gracias a eso, existen muchos vídeos en Youtube con representaciones de institutos que son bastante dignas y suenan bien (independientemente, de que los actores jóvenes cantan bien pero mueven las manos incansablemente, cerrando el puño en los momentos de pasión).

Pero es en Godspell en donde Schwartz marca la diferencia. La obra de teatro estaba hecha y aquí, él solo puso la música. Cada canción de Godspell es una obra maestra en sí misma (y por eso, es una pena que los personajes se pongan a hablar después de cada canción).

Tengo tres versiones en CD de este musical, pero la que suena mejor es la de la película. Deben oír entero el Day by Day, su canción más conocida, porque al minuto y quince segundos, aproximadamente, tendrán las mismas ganas que yo de saltar por la habitación con una pandereta (desgraciadamente, lo digo en serio: oigo esta música, se me pone la piel de gallina y busco una pandereta desesperadamente). Es el poder de la música.

Lo que si lamento es que tengan que oír esta obra maestra de canción con las desagradables imágenes de la peli.


18 noviembre, 2007

Mortadelo y Filemón... ¿Cuál es tu historia favorita?

Mortadelo y Filemón han sido mis compañeros de infancia, mis compañeros de carrera y mis compañeros de buenos y malos ratos. Siempre han estado ahí y, desde luego, siempre me han hecho gracia.

Leo con verdadero entusiasmo que cumplen 50 años. No lo parece. Están más jóvenes que nunca. Los adoro desde el primer día, aunque sus aventuras no me llegaron al corazón hasta el día en el que ingresaron en la T.I.A.. Es allí, con Ofelia, con el SUPER, con el Dr. Bacterio... cuando la extraña pareja adquiere su verdadera dimensión.

Hay algunas historias de Mortadelo y Filemón que llevo en el corazón: La máquina del cambiazo, El racista (seguramente la más graciosa), Maastrich... jesús, Barcelona 92... pero la historia de la que siempre me acuerdo y la que más veces he leído es Mortadelo y Filemón en Alemania.

Dos ladrones de poca monta roban unas joyas importantísimas y las esconden en unos enanos de jardín. Mortadelo y Filemón se desplazan hasta Alemania para localizar a todos los enanos.

Uno de los enanos está escondido en el decorado de un teatro en el que se representa Blancanieves y los siete enanitos. En la representación, la madrastra de Blancanieves pregunta al espejito mágico: "Dime espejito, ¿quién es la más bella?. Mortadelo irrumpe en el escenario, coge el enano corriendo y sale de escena gritando: "¡Raquel Welch!".

Desde luego, cincuenta años y en plena actividad no se cumplen todos los días. Felicidades al tremendo Ibañez, un genio de los pies a la cabeza.

Ya sabes la mía. ¿Cuál es tu historia favorita?


13 noviembre, 2007

¿Plagio o casualidad?

Desde que empecé con la historia del blog he querido hablar sobre este tema, pero la pereza y las maravillas que encuentro por Internet siempre se han impuesto, entre otras cosas, porque cortar trocitos de música y subirlos a la red es, todavía, bastante coñazo.

El caso es que siempre hablo de los plagios de James Horner (para quien todavía no lo sepa, es un compositor de Hollywood muy conocido y que tiene mas cara que espalda), pero nunca hablo de mi plagio favorito que, en realidad, no creo que lo sea.

Me explico: es muy poco probable, sobre todo por fechas de estreno, que un compositor de la talla de Jean-Claude Petit copie a Danny Elfman. Cuando se estrenó Cyrano de Bergerac (con música de Petit) en el año 1.990, se acababa de estrenar pocos meses antes el Batman de Tim Burton (con música de Danny Elfman), fechada en 1.989. Pero por esas cosas del cine de Hollywood, que corren como bestias para estrenar, y la lentitud y búsqueda de distribución de las europeas, en realidad, las películas se rodaron prácticamente al mismo tiempo.

Es muy poco probable (aunque no imposible) que Petit viera Batman, se fuera a su estudio y copiara literalmente unos segundos del score de Elfman. Para mas inri, la banda sonora de Cyrano es absolutamente prodigiosa y no creo que alguien en su sano juicio, y menos Petit, cogiera un trocito de la película más exitosa del 89 para redondear una banda sonora que es casi perfecta.

Y aunque realmente creo que es casual, las notas están ahí, que cada uno piense lo que quiera:

BATMAN (1.989)




CYRANO DE BERGERAC (1.990)




PD: Otro tema que me fascina es el autoplagio, y como siempre me meto con Horner, hoy, con dos huevillos, os enseño una buena muestra de autoplagio con uno de mis compositores favoritos: Danny Elfman

Serie de Televisión: Cuentos de la Cripta (1.989)



Scrooged (1.990)



George Lucas canta bajo la lluvia

Acabo de encontrar un vídeo de esos que a mí me gustan y con los que me río a gusto. En la corriente actual tan habitual en la que directores de cine conocidos ponen dinero para restaurar clásicos del cine, ha salido este pequeño vídeo en donde se cuenta como George Lucas ha restaurado Singing in the rain.

Pensé que iba en serio, por eso el ataque de risa...



PD: Ya he pagado un pequeño porcentaje para ir al Congreso de Úbeda de este año. No puedo esperar (recuerdos aquí, aquí y aquí)


08 noviembre, 2007

El mago Splendini: 16 caballos azules, 21 reactores y 12 enanos girando

De todas las películas a las que no he podido hincar el diente en la sala grande, pero que ahora recupero con toda la magia del DVD, la que más me apetecía era Scoop.

Cuando iba al cine un par de veces por semana, la película anual de Woody Allen era cita obligada. Sin embargo, las últimas cintas del director de cine, aunque siempre buenas, no acababan de ser tan redondas como las de su magnífica etapa de los 80: La rosa púrpura del Cairo, Hannah y sus hermanas y, sobre todo, Delitos y Faltas (a mi parecer, junto a Manhattan, su gran obra maestra).

A Woody Allen me siento ligado por muchos motivos, su obra es de mi generación y ha crecido al ritmo de los espectadores. He podido presenciar su evolución de primera mano. Además, la única conferencia que he dado en mi vida fue sobre la obra de este señor (en ICADE, en Madrid, un lugar en el que estaban muy interesados en que relacionara la religión con Allen y a mí no me apetecía hablar del tema, sobre todo porque un cuadro de Juan XXIII presidía el auditorio). Por gustarme, me gustan hasta sus comedias del principio (sobre todo Toma el dinero y corre y La última noche de Boris Grushenko).

Pero creo que estos últimos años, Allen había perdido algo de garra. Y ahora veo Scoop y me he quedado embelesado y he recordado, de repente, todo lo que me gusta este señor.

En la película salen muchos actores buenos, pero como Allen se reserva uno de los papeles protagonistas, se come a sus compañeros de plano con papas. Si sale en escena, es imposible no centrarse en él. Además, en esta peli hace uno de los grandes papeles de su vida: el mago Splendini.

El mago Splendini es pesado, teatrero, inseguro, miedica... pero inteligente (aunque para recordar una combinación de caja fuerte tan sencilla como 16-21-12, haga la siguiente regla mnemotécnica: "16 caballos azules, 21 reactores y 12 enanos girando"). Splendini aparece en escena cuando llama a Scarlett Johansson, que está viendo su espectáculo de magia en directo, para que suba al escenario y hacer unos trucos con ella. Desde ese momento, están ligados en una trama de intriga que les lleva a investigar a la multimillonaria familia de Hugh Jackman (ese gran actor de musicales, ahora popular por ser Wolverine en los X-Men).

Hay muchos clips de Scoop en la web, pero este pequeño trozo de un minuto es genial: Johansson y Allen, que se hacen pasar por padre e hija de la alta sociedad, van a la fiesta de Jackman. Por supuesto, Allen está nervioso por esta farsa e intenta disimular (y aunque no se vea en este clip, a todos los invitados les hace trucos de cartas, porque al fin y al cabo, eso es lo que sabe hacer).

De verdad, adoro al mago Splendini.


06 noviembre, 2007

Sobre El Orfanato

Por fin la he visto. Entre Galáctica, hijos y obras en casa, estoy muy retrasado con las pelis. Primer dilema al que me enfrento: no poner una fantástica foto de Belén Rueda y poner al chico encapuchado. Da miedo. Me gusta.

No me enrollo. La película está muy bien (no voy a decir eso de "para ser española" porque en España hace muchos años que estamos haciendo buen cine). Tiene unos cuantos defectos importantes (de los que hablo al final), pero que a la hora de valorar el producto final, queda compensado por las actuaciones de todos los actores, la densidad de su atmósfera y por que, Dios mío, la peli da miedo y me parece que, fundamentalmente, se trata de eso.

Belén Rueda es un caso aparte. Prácticamente sin experiencia en el cine, podría haber pasado que su papel en Mar Adentro fuera una de esas cosas que, bien dirigida por Amenábar, se quedara en eso, un papel para toda la vida. Y en esta película está inconmensurable. Grande. Y muy atrevida. Me gustaría ver a algunas de esas que llamamos grandes actrices dejando a un director hacer esos primerísimos primeros planos que muestran las arrugas de la vida. Y en eso, la peli sale ganando. Y mucho.

La película es elegante y tiene un final magnífico. Eso sí, a riesgo de parecer un snob criticón, sus defectos se centran en calcar escenas del cine de Spielberg. Veo Poltergeist por todas partes e incluso, en algunos momentos, veo Hook. En alguna revista he leído que son copias abiertas y reconocidas por su director, y me parece bien que lo diga, pero... frases completas, diálogos completos, planos... En concreto, hay una secuencia bien larguita, la de Geraldine Chaplin, que pertenece por completo al cineasta americano (o a Tobe Hooper, depende que quien creas que ha dirigido Poltergeist).

Pero repito, vale la pena verla. Es una buena película. Ahora me surge una duda: van a hacer un remake americano de El Orfanato. Es raro. Si la película está basada en el cine de Spielberg y sus trazos son muy identificables, por qué rehacer en Estados Unidos una película que procede, claramente, de su cine patrio...

PD: No puedo contar mucho más, pero en la película, lo mejor es Benigna. Su secuencia en la calle me ha dejado sin dormir esta noche.

Es una forma de hablar: he dormido como un angelito.


02 noviembre, 2007

No es tan fácil ser verde

Estaba en Youtube, oyendo algunas cosas de mi amado Paul Williams, un compositor y cantante que desde hace años me tiene cautivado y del que ya he escrito en alguna ocasión.

El caso es que desde los 70, Paul Williams se ha dedicado a componer canciones para Los Teleñecos (antes lo hacía para los Carpenters, pero esa es otra historia).

Uno de los grandes éxitos de Paul se llama Rainbow Connection y aunque lo han cantado grandes personalidades del mundo de la canción (como este), está claro que la mejor versión es la original, la de la rana Gustavo.

Y por esas cosas de Internet y de Youtube, he llegado de lleno a una canción llamada Its not easy being green, que no es de Paul Williams, pero la canta la rana Gustavo (Kermit en su versión original).

Un clásico que tenía olvidado y que a principios de los 90, mi buena amiga Raquel Muñoz, máxima encargada de que la revista Ragazza salga bien diseñada (la verdad, ni siquiera se si esta revista se sigue publicando y hace demasiados años que no veo a Raquel, ¡DEMASIADOS!) me lo puso en un tocadiscos.

Se me pusieron los pelos como escarpias y los ojos como albóndigas de IKEA. No alcanzo a comprender como alguien puede tener el talento de componer una canción tan dulce y, al mismo tiempo, tan dura. La rana Gustavo jamás ha despertado tantas emociones (y en tan solo dos minutos) en mi.

Os dejo por debajo la magnífica traducción que se hizo en España de la canción (que es ligeramente diferente a lo que canta Gustavo en inglés, pero que básicamente no altera el significado final), para que no se pierdan detalle.
De todas las versiones y vídeos que existen, esta es la que más me gusta:




No es tan fácil ser verde,

te confunden con las cosas mas vulgares y corrientes,
mucho mejor sería si fuera dorado, naranja,
o rojo, o de otro color mas brillante.


No es tan fácil ser verde.
Te confunden con la hierba y te pisan.
Y la gente pasa a tu lado sin verte,
porque no reluces como la luz en un lago o la luna en el cielo.

Pero es color de primavera,
también verde es una preciosa piedra,
y puedes ser muy grande: una montaña muy importante,
como un río o las aguas del mar

El verde es capaz de ser así
y tú preguntándote y por qué y por qué y por qué soy verde
y es grandioso, maravilloso,

y es del color que siempre quiero ser.

Soy verde.

31 octubre, 2007

Vértigo y la mejor secuencia de la historia del cine

Sí, soy un exagerado cuando hablo de Vértigo. Siempre digo que es mi película favorita, que su música, su guión, la forma de acercarse a la historia por parte de Hitchcock es absolutamente insuperable y arriesgada.

Siempre he creído que las grandes obras de Hitchcock no están relacionadas con el misterio y el suspense, sino con las grandes historias de amor. Desde Encadenados, en el que Cary Grant arroja a la mujer que ama (Ingrid Bergman) a los brazos de un Claude Rains terrorífico, pasando por la relación imposible entre James Stewart y una mujer muerta en Vértigo, y por supuesto, por la historia de un señor accidentado que ve un asesinato desde su ventana y que huye del matrimonio (de hecho, la única posibilidad de que su novia se ponga un anillo de compromiso es cuando lo coge de la vecina supuestamente asesinada) en La Ventana Indiscreta.

La fuerza de esta secuencia de Vértigo (que yo creo que es una de las mejores del cine) está en su significado y en su narrativa.

Tras fallecer la mujer que ama (Madeleine), James Stewart encuentra a una chica de vida dudosa que es prácticamente igual (Judy) y que vive en un hotelucho de mala muerte. Stewart convence a Judy para que se transforme en Madeleine, con un traje igual, con el peinado... Un deseo patético sólo superado por el amor de ella, que accede a todo este juego con tal de que él la ame.

Al comenzar la secuencia, la transformación está casi completada. Sólo hay un pequeño problema con el peinado, Judy tiene que recogerse el pelo. Cuando lo hace, James Stewart puede revivir el beso de amor con Madeleine en las caballerizas.

Ese es su significado.

Pero Hitchcock arriesga. Hace que la espera de Stewart sea larga, sin elipsis temporales. Los espectadores esperamos con él, ansiosos por ver la transformación completa de Judy a Madeleine. El momento es claramente onírico, entre otras cosas porque cuando ella se ha metido en el baño ha atravesado una extraña luz verde (el neón de la calle da un tono verdoso a toda la habitación, pero la puerta del baño parece ser un punto especialmente fuerte) y cuando sale, el color es tan brillante que parece, realmente, una aparición de entre los muertos. A Hitchcock le gustaba decir que, en realidad, lo que ella ha hecho es completar su desnudez.

Los planos son largos y la música de Herrmann (que en esta secuencia demuestra porqué lo adoro y porqué creo que era el número uno) crea el estado de ánimo, la espera, la ansiedad, la sorpresa... con sus trémolos, su crescendo y su gran tema de amor.

La mirada de Stewart cuando por fin ve a Madeleine merece un párrafo aparte. Realmente, él está viendo a la mujer que ama, está viendo a una muerta. La mirada se apoya en un travelling fantástico de acercamiento que es marca y firma ineludible del director inglés, aunque los más jóvenes asocien este movimiento de cámara a Spielberg.

Y de repente, el beso (el primer beso de amor de Stewart desde que Madeleine murió): un beso complejo que Hitchcock grabó en estudio y en donde tres elementos se mueven al mismo tiempo: los protagonistas, la cámara y el decorado. El resultado, tantas veces copiado en la actualidad, es una imagen que pertenece más al mundo de los sueños que a la realidad.

Puro cine, amigos míos, puro cine.


Download:
FLVMP43GP

29 octubre, 2007

¿Es R.O.T.O.R. la peor película de la historia del cine?

Sigo disperso, pero ya se me está pasando.

Leo en somosfrikis un artículo que realmente vale la pena. Una genialidad. Hablan sobre R.O.T.O.R., una película que desconozco pero que, desde hoy mismo, comienzo a buscar como un desesperado por vías alegales. Se estrenó siguiendo la estela de ROBOCOP, y contiene unos efectos especiales memorables, solo superados por la calidad de sus diálogos.

Esta peli deja a Ed Wood y a Juan Piquer como auténticos maestros del cine. No cuento nada más porque vale la pena pasarse por la página y, además, no es cuestión de plagiar su (divertidísimo) texto.

Como anécdota, hay un foro en el que han abierto una línea para hablar sobre esta peli e incluso han creado una especie de iglesia rotorniana. No dejen de pasar para que vean en unas bonitas fotos de como el bueno captura con cuerdas a R.O.T.O.R. desde cinco ángulos distintos.

Y si no te apetece demasiado pasarte por esa página, te voy a obligar enseñándote esta secuencia en donde fuerza e intelecto se unen en la lucha contra R.O.T.O.R. en unos diálogos maravillosos que ni siquiera Faemino y Cansado podrían superar.


Risas y más risas

Sigo disperso.

En Yonkis han puesto un vídeo de una chica que tiene una risa muy contagiosa. Es cierto, ves las imágenes y no puedes parar de reír, y a estas horas de un lunes, se agradece bastante. Tienen que verlo, porque no tiene desperdicio.



Pero me extraña muchísimo que nadie cuelgue el vídeo de lo que está viendo la mujer. En Youtube pone claramente que las imágenes se llaman Dad at Comedy Barn. No he podido evitarlo. Tenía que ver con mis propios ojos lo que le causaba la risa.

Y es esto: una familia se ha ido a un espectáculo en directo y en un momento dado, suben a un señor (el padre de la persona que ha colgado las imágenes en Internet) al escenario y, directamente, roba el espectáculo con su risa. El señor es el que se sienta en el centro, con la camisa amarilla.


Vergüenza ajena (o como enrollarse con un post)

A veces me enrollo como una persiana. En algunas ocasiones, como en el post de Spielberg, porque tengo muchas cosas que decir y mi capacidad de síntesis es limitada, por no decir deplorable. Y en otros momentos, como hoy, es porque estoy realmente disperso.

Esta foto no tiene nada que ver con el post, pero estoy tan embelesado con la serie Galáctica y ha sido tan difícil encontrar una buena imagen que describa la vergüenza ajena, que he pensado que siempre es buen momento para ver al equipo del espacio al completo (con ganas de que sea de noche para ver los dos últimos episodios de la segunda temporada).

Me he vuelto a enrollar.

Hoy he amanecido con un mail de Listasonora que me ha dejado ese pequeño sabor de vergüenza ajena que cada día es más complicado despertar. Los programas de televisión que se hacen en España, las revistas, Internet y todo eso, nos tiene acostumbrados a cosas tan salvajes que nos ha convertido a los españoles (no se si en otros países la gente acude a la televisión a contar como sus novios se han ido con otra) en seres prácticamente inmunes a la sorpresa.

Me enrollo de nuevo. Voy al grano.

Dos periodistas rusos entrevistan a dos compositores de videojuegos con referencia a la música para Metal Gear Solid, que por lo visto es un clásico (yo no lo he jugado y, por tanto, no conozco la música). En plena entrevista, sacan un CD de un compositor ruso fallecido en el año 1974 llamado Sviridov y ponen el corte Tormenta de nieve. La música que suena es muy parecida a la que el equipo (que incluye a Harry Gregson Williams, americano famoso por sus incursiones al cine y por lo visto, creador de esta pieza en concreto y que afortunadamente para él, no asiste a la entrevista) compuso unos años atrás para el juego. No quiero ser demasiado categórico porque, repito, no conozco ninguna de las dos obras, pero un amigo mío (primo de Rajoy) dice que es "algo más que parecida, casi un nota por nota".


El vídeo no tendría más historia (y tampoco lo pondría en el blog) sino fuera porque cuando empieza a sonar la música, los compositores hacen una serie de cosas raras, sonrisillas, cierto asombro, no paran de mirar la carátula y, sobre todo, no vuelven a mirar al entrevistador a los ojos. En un momento dado, uno de ellos pregunta: ¿pero este compositor es conocido en Rusia?

Lo dicho, a lo mejor los pobres señores no son culpables y es una de esas casualidades de la vida... pero que te pongan un CD de 1974 y suene la música por la que te has hecho famoso, como mínimo, da bastante vergüenza ajena.

En este momento, sigo ruborizado.




PD: Por cierto, las últimas imágenes son del juego y tiene una pinta estupenda.

27 octubre, 2007

Me encanta que los planes salgan bien

No.

Soy friki pero no tanto. Confieso que en mi infancia tuve mi época Equipo-A, como todo el mundo (tampoco había demasiadas alternativas: eso o nada), pero ni me ha marcado brutalmente y, mucho menos, voy a escribir un post sobre ellos.

Resulta que acabo de ver cuatro episodios seguidos de la segunda temporada de Battlestar Galáctica, la moderna, la buena, la de Edward James Olmos, y como no podía ser de otra manera, me he enamorado de Katee Sackhoff (Starbuck) y de Tricia Helfer (Número 6).

Me he dedicado a buscar información sobre ellas en Internet y claro, cada dos por tres, me sale información del Starbuck de la antigua Galáctica, la flojita, esa en la que los malos van vestidos de egipcios. Starbuck, en aquella versión no era mujer, sino que era Dick Benedict, más conocido como Templeton Peck (Face en la versión original) en El Equipo A, el guaperas rubio de la serie en la que más armas se disparaban y en la que nadie, absolutamente nadie, moría.

Y me he encontrado con unas imágenes que me han impactado: Dirk Benedict y el actor que hacía de Murdock (de nombre que no puedo transcribir por profunda pereza transitoria) han hecho una especie de gira europea este mismo año.

Y está claro que no soy el único que ha envejecido. Tres cosas al respecto:

1) No se por qué ver gente que ha envejecido me fascina tanto. Odio que pase el tiempo y si por mi fuera, congelaría mi vida en este momento. Me gusta como está.

2) No se por qué diablos, mis amigos del colegio (que siguen siendo mis amigos en la actualidad) me llamaban Murdock. Afortunadamente se les pasó.

3) ¿Por qué Dirk Benedict no sale haciendo un pequeño papelito en la nueva versión de Galáctica? El otro protagonista, Richard Hatch, tiene en la serie moderna un papel bastante desagradable. Curiosamente, en una hábil pirueta de los guionistas, está empeñado en matar a Apollo, su antiguo personaje.