12 febrero, 2007

Jack Lemmon y la sociedad de la información

Ya he hablado alguna vez del libro de Bogdanovich, Las estrellas de Hollywood, en el que el escritor cuenta con detalle sus encuentros con algunas de las mayores estrellas de Hollywood. Y yo creo que estamos de acuerdo, tanto tú como yo, en que Jack Lemmon es uno de los grandes.

En el libro, Bogdanovich va a entrevistar a Lemmon en el plató de Irma, la dulce (tiene delito, la única película que no me gusta de Lemmon y Wilder). Y de primera mano, puede apreciar que el actor es absolutamente profesional, siempre con la sonrisa en la boca, nada soberbio, concentrado... y pone palabras en su boca magistrales. Por ejemplo, cuando Jack ve una película suya de humor y se ríe en una escena en la que sale él, es incapaz de reconocer que lo ha hecho bien, pero sin embargo, aprecia que el material es bueno, los diálogos rápidos, que en definitiva, la secuencia está bien resuelta. La disfruta.

Con esto quiero decir que es difícil situar la delgada línea de admirarse a sí mismo y la falsa modestia. Y referente a esto, el mismo Lemmon cuenta una anécdota buenísima sobre dos cómicos: uno le cuenta a otro un chiste magistral. El segundo cómico, el que oye el chiste, asiente seriamente confirmando: “sí, es un chiste muy bueno”. La auténtica verdad es que el segundo cómico no disfruta el chiste, lo analiza. Y eso es lo que siente Lemmon cuando ve su trabajo.

A lo que iba. Cada día estoy más alucinado con Internet y la sociedad de la información. Sigo con el capítulo de Lemmon y leo como, entre toma y toma de Irma, la dulce, el actor se mete en su camerino a ensayar con el piano, ya que en pocos días va a salir en el famoso programa televisivo de Dinah Shore. Estamos hablando de una época en EE.UU. en la que una aparición en televisión podía ser seguida por más de 45 millones de personas. Según leo estas frases, me voy al ordenador para interesarme por Lemmon y encuentro esto:


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